El libro y las instituciones

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El libro y las instituciones

                                                                                Vientos de arrabal entre diputados 
El AGN se ha convertido así en un lugar de excelencia y de estímulo a las actividades culturales e intelectuales, aparte de guardián eficiente de los tesoros escritos y orales de nuestra nacionalidad.
 

Un editorial de este periódico afirmaba hace poco que estamos asistiendo, sin que reparemos lo suficiente en ello, a una intensificación muy notable de la labor editorial, de la publicación de libros.

Ese fenómeno se concentra en la actividad que realizan algunas instituciones, sobre todo el Archivo General de la Nación, la Academia Dominicana de la Historia, la Academia de la Lengua, el Tribunal Constitucional, y otras de carácter bancario como el Central, Reservas y Popular, que ofrecen apoyo a estas actividades.

El hecho de que se publiquen libros en el área de humanidades es una buena señal de que se piensa, se elucubra, razona, generan conocimientos, y de que, posiblemente, se empieza a leer más. En esto no tendría por qué ser un absurdo que en este terreno editorial funcionara la ley de Jean-Baptiste Say, elaborada para explicar el comportamiento económico, que postula que cada oferta genera su demanda. Cada autor genera su propio grupo de lectores.

¿A más libros habrá mayor número de lectores? Tendría que haberlos.

Otra cosa es que no se advierte el mismo dinamismo editorial en el área de las ciencias, lo cual está marcando una deficiencia que lleva ya mucho tiempo.

Habría que insistir en el aprendizaje más sólido y comprensible, o sea didáctico, en la enseñanza básica de la ciencias para estimular el conocimiento de estas ramas. Se trata de que cuando a un niño se le empiece a enseñar las ciencias, se haga en forma entendible para facilitar su comprensión, sin que la pedagogía borre el conocimiento a ser transmitido pero ayude a que sea entendido.

Algunos de los libros publicados recientemente están llamados a tener un gran impacto sectorial y general, por ejemplo “Ecos de la Costa”, de la autoría de Domingo Marte, editado por el Banco Popular, que está destinado a constituirse en un referente de gran valor para el turismo interno y del exterior por la extraordinaria belleza de sus fotografías y gran acierto en su texto. Y también para el dominicano común que podrá darse cuenta, leyendo el libro, de los tesoros que esconden nuestras costas.

Otros como los puestos a circular por el Tribunal Constitucional contienen el valor agregado de crear consciencia sobre la relevancia del respeto al marco constitucional y a los órganos que lo garantizan, y sobre la naturaleza de los derechos económicos, sociales y culturales, llamados prestacionales o positivos, tal y como se indica en el magnífico libro publicado hace poco por el magistrado Víctor Gómez Bergés.

En esto, sin ser jurista, la interpretación de la lectura me lleva a entender esos derechos como el conjunto de prerrogativas de los ciudadanos, contenidos en el texto de la constitución por la necesidad de alcanzar en algún momento la satisfacción de las necesidades básicas y el equilibrio social.

Es decir, tales derechos quedan referidos a una meta, y su satisfacción relegada a cuando haya recursos, que es algo incierto y subjetivo. Solo un Estado fuerte podría ser capaz de lograr su materialización dentro del marco previsto por las garantías constitucionales.

Hay otras instituciones que están jugando un rol estelar en esta materia de apoyar las ediciones de libros, como hemos mencionado.

Pero quiero fijar la atención en esta cuestión en el Archivo General de la Nación, que en materia de funcionamiento institucional y misión editorial rebasa los límites soñados. No tiene comparación.

Allí, en sus salas y espacios, parece que se está en otro mundo, desligado de los chismes cotidianos de la expresión vernácula, el tiempo consagrado a cuidar y escarbar en los textos que son patrimonio de la nación, a participar en las intensas y frecuentes actividades, a desbrozar inquietudes sobre todo de carácter histórico.

El AGN se ha convertido así en un lugar de excelencia y de estímulo a las actividades culturales e intelectuales, aparte de guardián eficiente de los tesoros escritos y orales de nuestra nacionalidad.

En la pasada Tercera Feria del Libro de Historia Dominicano dedicada a Ciriaco Landolfi, celebrada del 28 de noviembre al pasado 3 de diciembre, pude constatar la fluida asistencia de público, las ventas de textos de relevancia (expoventa), algunos olvidados, la firma de convenios institucionales, la proyección de documentales, la realización de conferencias, charlas, conversatorios, la concreción de homenajes, la interpretación de música con o sin acompañamiento de coros, y danzas.

Y la puesta en circulación de muchas obras nuevas, o reediciones de otras.

Siempre se ha dicho que en el país existen pocas instituciones que funcionen. Por ejemplo, la iglesia, la milicia, son casos en que existe consenso.

Si las cosas siguieran como se han ido encaminando, esa lista tendría que ser engrosada por el Archivo General de la Nación, puesto que está funcionando como debería haberlo hecho hace mucho tiempo, para tranquilidad de todos los que aprecian y valoran que el patrimonio escrito y oral del país esté bien resguardado y disponible para ser consultado por todos aquellos que lo requieran.

Ese es un hecho positivo, que junto a algunos más, permiten terminar el año 2016 con un sentimiento de esperanza renovada.

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