La columna de Miguel Guerrero |
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| Miércoles, 19 de Noviembre de 2008 |
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El viernes se cumplen 47 años de la muerte de Rafael Leonidas Trujillo, hecho que marcó el principio del fin de la sangrienta tiranía que sojuzgó al país durante más de tres décadas. Sólo dos de los conjurados con una participación directa en la trama, Antonio Imbert Barrera y Luis Amiama Tió, lograron sobrevivir a la represión que siguió al tiranicidio y sólo el primero de ellos sigue aún entre nosotros. Amiama se ocultó en el closet de la habitación de los esposos Álvarez Pereyra-Gautier en el sector La Julia y estuvo allí por espacio de seis meses. El jefe de la familia que le dio asilo, Tabaré Álvarez, era un respetable médico con altas funciones en el gobierno, quien además facilitó las cosas para que otros médicos atendieran a Amiama cuando las duras condiciones del refugio, permaneciendo de pie día y noche con los ojos abiertos, quebraron su salud. Imbert, por su parte, encontró refugio en la residencia de los esposos Mario y Dirse Cavagliano, una pareja italiana con funciones consulares que ya antes había protegido de la furia del tirano a Guido D'Alesandro (Yuyo), a quien sorteando muchas dificultades y riesgos también ayudaron a salir al exterior vestido de turista en un trasatlántico italiano de gira en el puerto de la ciudad.
24 de mayo del 2008 |







