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“Gracias a todos” por Euclides Gutiérrez Félix

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Miércoles, 19 de Noviembre de 2008

El martes 11 del corriente mes de marzo, en el salón "Caonabo" del hotel Santo Domingo el autor de esta columna tuvo la oportunidad y gran satisfacción de poner en circulación la primera edición de nuestro libro "Trujillo Monarca sin Corona". En la columna anterior, publicada el 4 de marzo, hicimos una breve historia de ese libro en la que señalábamos, con obligada honestidad intelectual, que la idea de escribir una obra que fuera, al mismo tiempo, un retrato biográfico de Trujillo y un diagnóstico histórico de su régimen fue de nuestro padre Euclides Gutiérrez Abreu, quien había ingresado a la Policía Nacional Dominicana a los 16 años de edad. Esa institución, creada por el gobierno militar interventor de los Estados Unidos, fue convertida después en Ejército Nacional.

Nuestro padre conoció a Trujillo, como dijimos, en el paraje de Nigua, en donde había sido designado con apenas seis meses de entrenamiento. Trujillo, desconocido capitán, ascendido a mayor transitoriamente, había sido designado comandante del Departamento Norte como sustituto del mayor César Lora, muerto en un crimen pasional por el teniente Sanabia, odontólogo, quien le sorprendió debajo del puente Yaque en relaciones intimas con su esposa. El futuro dictador, al llegar a la cárcel pública, donde estaban recluidos los peores criminales del país y pasar revista a un pelotón en formación, encontró a nuestro padre muy joven para estar en ese lugar y le ordenó al capitán José Pimentel, sancristobero, compañero de infancia, comandante del presidio, que lo trasladara al Centro de Enseñanza. Ahí comenzó su relación con Trujillo, que año y medio después volvió a encontrarlo, lo reconoció y lo ascendió ese mismo día a cabo en la mañana y sargento en la tarde.

Al instinto pedagógico y político de nuestro padre, que ocho años después de haber ingresado a las filas del ejército había alcanzado el rango de primer teniente instructor, convertido en maestro admirado y respetado entre los miembros de esa institución que le llamaban, respetuosa y cariñosamente, "El teacher", agradecemos la idea de escribir la obra motivo de esta columna.

En el acto, honrado y prestigiado con la presencia del ciudadano presidente de la República Leonel Fernández Reyna y de muchas distinguidas personalidades de la vida nacional, recibimos el calor de un sentimiento de solidaridad profundo, vigoroso, entusiasta, que no solamente nos emocionó como autor sino también, a nuestra esposa y compañera Flavia García, a nuestras hermanas, hijos, nietos y sobrinos que estaban presentes, así como a quienes nos ayudaron a escribirla, corregirla, infinidad de veces, para convertirla en realidad objetiva, significativa e incuestionable.

En el registro de nuestra memoria, cuando escuchábamos a Jacinto Gimbernard en la minuciosa, acertada, profunda y detallada exposición que hizo presentando el libro, recordamos, con el corazón constreñido por el recuerdo, a Juan Bosch, el maestro, con la mirada escrutadora de sus ojos azules y una tolerante actitud de comprensión, oyendo la exposición de nuestros criterios, de lo que Trujillo había sido en su larga, influyente y constructiva vigencia en la vida del pueblo dominicano. Severo, metódico, exigente, siniestro e intolerante, que comprendió de manera inmediata que él era el motor y el instrumento de un proceso histórico que termino incorporando, definitivamente, al pueblo dominicano al siglo XX y al desarrollo del inicio de una vida moderna, que nos distanció en términos de quince años de Haití y de todas las naciones centroamericanas.

En nuestra columna anterior, en su parte final, decíamos, recordando a Julio César antes de cruzar el Rubicón, ¡Alea Jacta Est!.. ¡La suerte está echada! Desde esa noche la demanda del libro nos llena de satisfacción, y esperamos que sirva, si es posible, como referencia histórica para discutir y ampliar, dentro del marco de la verdad ese capitulo comprendido entre 1930 y 1961, que consideramos, hasta ahora, el más importante en la vida económica, social y política de nuestro pueblo. El ejercicio del magisterio que por cuatro décadas desempeñamos nos impide mentir, inventar o calumniar, coincidiendo con argumentos espurios, falaces, de una legión de antitrujillistas, realmente oportunistas, que nunca combatieron a Trujillo y que hoy, 47 años después, se autoproclaman, en periódicos, revistas y emisoras, "victimas de la tiranía" y de un enemigo al que nunca enfrentaron ni vieron de lejos porque eran apenas menos que adolescentes, niños.

Al expresar gratitud por su presencia al ciudadano Presidente, porque es el presidente de todos los dominicanos, lo hacemos también a los amigos y amigas, conocidos y seguidores de nuestras ideas y criterios, honrados por haber dedicado un tiempo de sus vidas en esa noche, que será mientras dure nuestra existencia un recuerdo emotivo y al mismo tiempo un estimulo, dentro de nuestras limitadas posibilidades, de producir otras obras que sirvan para poner en su puesto la verdadera historia del pueblo dominicano.

 

Fuente: Euclides Gutiérrez Félix/El Nacional

3/17/2008