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Haití, amenaza mortal

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Martes, 18 de Noviembre de 2008

El próximo veintisiete de este mes se cumple el ciento sesenta y cuatro aniversario del nacimiento de la República Dominicana. Fue en la madrugada del 27 de febrero de 1844 que las manos juveniles de Francisco del Rosario Sánchez, enarbolaron en el Baluarte del Conde la bandera tricolor, invocando la consigna de ¡Dios, Patria y Libertad! Ese episodio es, quizás, el más dramático de los momentos, que como expresión de su personalidad y su poder de decisión ha vivido el pueblo dominicano. No existe en el registro de la historia de los pueblos de América una nación que se haya sacrificado y luchado con más firmeza e intransigencia por su independencia y su soberanía.

Con una población que apenas alcanzaba 170 o 180 mil personas, los habitantes de la parte oriental de la isla de Santo Domingo en manifiesta desigualdad de condiciones, libraron durante largos doce años una guerra de resistencia que templó y consolidó un sentimiento de patriotismo, que no permitió que la oligarquía militar haitiana mantuviera bajo su autoridad y dirección a los dominicanos, que habíamos alcanzado un perfil de identidad nacional a través del recorrido de un difícil y doloroso camino de vicisitudes. Esos episodios de nuestra historia frente a Haití sirvieron como motor de desarrollo social y político de nuestra sociedad que para fines del siglo XIX entró en el inicio del desarrollo de sus fuerzas productivas, con los métodos de producción capitalistas.

A partir de ese momento Haití, que no había podido consolidar su estatus republicano, organizado y sometido a normas de conducta propias de una sociedad en proyección, quedó atrás cada vez más lejos. Cien años después las diferencias entre Haití y la República Dominicana, en el orden económico, social y político, son abismales; objetivas, tan perceptibles que a cualquier extranjero con relativo nivel de conocimientos le es fácil comprenderlo. "Haití es una bomba de tiempo y es el principal problema para la estabilidad democrática, económica, política y social de la República Dominicana." Ese juicio real, objetivo, preocupante, atemorizador, no lo ha externado un dominicano sino un extranjero que admitió haber quedado sorprendido de la realidad de las relaciones dominico haitianas.

Manuel Alcántara Sáez, catedrático español de Ciencias Políticas y de Administración, quien desempeña además las funciones de Director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, España, manifestó que ante el problema dramático de Haití, las autoridades dominicanas deben plantear la crisis haitiana como prioridad de su agenda en los foros internacionales, advirtiendo que Haití puede provocar "desde invasiones de haitianos, que la República tiene, y azuzar una serie de asuntos históricos, de identidad dominicana frente a los haitianos". Consideró además que "Haití es un grupo de personas que vive en condiciones lamentables, sin condiciones, sin Estado y sin ley". Juicios categóricos, lúcidos, que responden a la verdad y que sirven como advertencia presente al pueblo dominicano.

Frente a esta realidad, es doloroso aceptar durante la celebración del Mes de la Patria la arrogancia, provocación e irrespeto que sectores que figuran como responsables del gobierno de ese conglomerado humano, enfrentan al gobierno y al pueblo dominicano, generando y creando día a día problemas muy serios en el marco de las deterioradas relaciones que sostenemos con Haití. El problema no son los pollos, ni los huevos que afectan a importantes sectores productivos de la región del Cibao y la región Norte del país; como tampoco lo es, en principio, el aumento de los impuestos aduanales que en término de un año se han venido aplicando a los principales productos criollos que se venden en el mercado haitiano; lo más preocupante es el criterio simple con que en nuestro país y algunas de las autoridades del gobierno están manejando estos problemas.

Haití, como advirtió Juan Bosch hace muchos años y como lo dice ahora el catedrático español Manuel Alcántara Sáez, es un conglomerado de personas que vive sin ley y sin condiciones, nada más. No importa lo que diga la Comunidad Internacional, ni los agentes a sueldo que le sirven, ni los traidores disfrazados de intelectuales, periodistas o comentaristas, "Veletas del Momento", "Gallaretas Parlantes", resentidos, a quienes no duele, como no les ha dolido nunca, el destino de los dominicanos. Haití es una realidad sin regreso, sin posibilidades de desarrollo económico, porque ese conglomerado humano, desgraciadamente, ha perdido el hábito del trabajo y ha terminado convirtiéndose, irremediablemente, en una sociedad de recolectores e intermediarios, que ha depredado su hábitat, los cuales siguiendo su instinto de conservación se trasladan, lentamente, hacia la parte oriental, para arrastrarla a sus mismas condiciones. ¡Ciento sesenta y cuatro años después del nacimiento de la República esa es la realidad! Negarlo es tan bien un acto de cobardía y de irresponsabilidad y una traición, imperdonable, a los Próceres Republicanos de febrero de 1844.


Fuente: Euclides Gutiérrez Félix/El Nacional
2/11/2008