El personaje pequeño burgués en la narrativa dominicana |
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| Lunes, 17 de Noviembre de 2008 | ||||
Página 1 de 2 Entre 500 y 1,000 novelas han sido escritas por dominicanos desde 1843 ¿Cuál es el estatuto del personaje pequeño burgués en la narrativa dominicana? ¿Y en la novela? ¿Y en el cuento? ¿Es fácil ubicarle en el discurso poético dominicano? ¿Es el personaje principal o protagonista de la narrativa dominicana un sujeto? En un texto narrativo, ¿quiénes, o quién, asumen el papel de sujeto único, múltiple y contradictorio, orientador de la práctica y el sentido de su discurso en contra del Poder, sus instancias? Individualmente, ¿quién asume ese reto? Pero sea como sea, Giovanni di Pietro hizo en su obra "Quince estudios de novelística dominicana" (Banco Central, 2006) una lista que alcanza la cantidad de 450 novelas. Y de aquella fecha hasta hoy tal vez hayan aparecido más de 50, para elevar el número por encima del medio millar. Di Pietro no se limitó a la contabilidad, sino que operó, con su método aplicado a algunas novelas, un análisis de contenido que le llevó a determinar el grado de compromiso del autor, a través de uno o más personajes, con el sistema político-social establecido, por ejemplo, en el caso de la dictadura trujillista, la conciliación entre los hacendados o terratenientes, simbolizados por el campo, y los gobernantes personalistas y paternalistas que administran la ciudad, sin que se establezca una oposición entre ambas fracciones de clase, las cuales se necesitan mutuamente para mantener su hegemonía sobre las clases subalternas. Una ideología, la de creerse o aparentar que son campesinos, vela el mecanismo de clase de los hacendados en la novela "Caonex", de 1949, de J. M. Sanz Lajara, primera de las quince novelas analizadas por Di Pietro. La aplicación del método analítico lleva a Di Pietro a establecer, en el tipo de novela que estudia, cuatro elementos centrales que aseguran la dominación y cohesión social del sistema político: 1) el respaldo sin fisuras del sistema patriarcal fundamentado en la hacienda; 2) la apología del régimen de Trujillo, o, digo yo, su defensa a través de la figura mayor de la alusión, que no nombra directamente, pero que elogia sin medida; 3) la indiscutible aceptación de la explotación extranjera en los ingenios azucareros del país; y 4) la psicología misma de la novela a través, digo yo, de los mecanismos del narrador o su sustituto, orientados defender sin piedad y a ultranza todo lo que simbolice o no riqueza y posición social preestablecida. Estos cuatro elementos confluyen en un determinismo: Según Di Pietro, "todos los personajes que son ricos -en la ficción- y que tienen una posición social preestablecida invariablemente triunfan, pero aquellos que son pobres o no tienen posición, fracasan." (obra citada, p. 19) La acepción del término revolución era equivalente a desorden, guerra civil, política personalista, ausencia de paz, de progreso, reparto de los puestos públicos a los familiares, amigos y relacionados con el general que ha ascendido al poder para repartir los bienes públicos (patrimonialismo) y mantener a través de pequeñas dádivas la lealtad de quienes le han ayudado a derribar el orden anterior (clientelismo). La aparición en la narrativa dominicana del concepto de revolución como transformación del orden político fundado en el patrimonialismo y el clientelismo es lo que me interesa como discurso literario de un sujeto en y por el sentido de su discurso. Anejo a este significado del término revolución, o transformación, su equivalente, voy al encuentro de la reafirmación del sujeto, quien apunta a la construcción de un orden nuevo, utópico quizá, donde no exista ni partido único (dictadura) ni la ficción de la voluntad general que en nombre de la mayoría aplasta a la minoría (política del signo). |







