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Valor histórico del 5 de julio de 1961

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Lunes, 08 de Febrero de 2010

Solamente las experiencias del Partido Socialista Popular en 1947 y el Movimiento Popular Dominicano en 1960, constituyeron desafíos políticos al tirano en la lucha interna pública por la democracia y la libertad. Estos ensayos fueron sofocados en sangre por Trujillo y en ambas oportunidades la dictadura aprovechó la situación de acoso internacional y ofreció supuestas garantías para el desarrollo de las ideas políticas y las luchas opositoras.

En 1947, como consecuencia de los vientos democráticos que soplaban en el mundo sobre los restos calcinados del nazifacismo, Trujillo se presentó como gobernante democrático que auspiciaba bajo su mando la convivencia de partidos y fuerzas de oposición. Pero Trujillo fue uno de las farsantes más conspicuos que hayan existido, y aquel movimiento de apertura, al cual se acogieron los líderes del exilio, agrupados en el PSP regresando al país, se convirtió en sainete sangriento a los pocos meses, cuando algunos de ellos fueron asesinados como Freddy Valdez y otros apresados, torturados y obligados a buscar asilo en las embajadas latinoamericanas.

Todavía algunos años después el brazo largo de Trujillo secuestró y desapareció en la Habana al líder obrero Mauricio Báez, uno de los dirigentes del Partido Socialista Popular que desempeñó un papel estelar en la lucha pública de 1947 y quien había eludido la persecución consiguiendo refugio diplomático. En 1960, bajo el repudio continental a su dictadura obsoleta y bajo el cerco de aislamiento creciente, así como la pérdida de apoyo norteamericano, volvió a ofrecer "garantías" a los exiliados anti trujillistas para que regresaran a la nación y desenvolvieran sus actividades públicas en un clima de seguridad y participación igualitaria.

La oferta fue aceptada de inmediato por el aguerrido e indoblegable Movimiento Popular Dominicano, cuya tesis fundacional fue sintetizada en la consigna de "Lucha interna o Trujillo siempre". Las actividades de este grupo fueron bañadas en sangre por Trujillo ante el sorpresivo auge que tomaron sus acciones de masas y sus denuncias públicas contra la tiranía, desapareciendo a 89 jóvenes y sometiendo a bárbaras torturas y escarnios a sus dirigentes principales, Máximo López Molina y Andrés Ramos Peguero.

El ajusticiamiento de Trujillo por un grupo de valientes la noche del 30 de mayo de 1961 obligó a sus sucesores y remanentes a emplear la misma táctica de su difunto jefe, de ofrecer "garantías" a los exilados para que retornaran a ejercer sus derechos civiles y políticos, con la finalidad de ganar tiempo en la recomposición del cuadro político y asegurar la continuidad de proceso trujillista bajo la impronta de las nuevas condiciones exigidas por la comunidad internacional de democratización del régimen y apertura de libertades. Fue entonces, cuando arribaron a territorio nacional integrando la llamada "Comisión de la Libertad", Ángel Miolán, Ramón A. Castillo y Nicolas Silfa, delegados del Partido Revolucionario Dominicano, la organización más representativa del exilio.

Encontraron un país en penumbras bajo el clima de nostalgia trujillista que aún lloraba la pérdida de su caudillo, un país aterrorizado bajo vigilancia de la maquinaria intacta de los servicios de inteligencia y represión.

Fue así como esa comisión del PRD inició de inmediato el combate cívico por las libertades públicas estremeciendo la nación con su predicamento de democracia y justicia social. El PRD prendió la chispa del despertar movilizador de las masas con sus convocatorias populares, se enfrentó a la furia desenfrenada de los agentes trujillistas que pretendieron cerrarle el paso en sus recorridos por apartadas carreteras y municipios.

Los hombres que llegaron el 5 de julio de 1961 hicieron un pacto con la muerte o con la victoria, no son desmerecidos en el altar de los reconocimientos de los valientes que dieron la cara para siempre en aquel interregno histórico. Junto a ellos, desde el primer día estuvo nuestro inolvidable José Francisco Peña Gomez, quien se convertiría en el líder de masas de mayor incidencia y conducta democrática de nuestra historia contemporánea. No se puede hablar de la democracia en nuestro país sin rendir homenaje a esta fecha gloriosa, a este cinco de julio de 1961, claridad refulgente sobre el cielo oscurecido de la peor y más horrible dictadura de América.

El 5 de julio nos dio las libertades abonadas con la simiente de los mártires, nos dió el primer gobierno democrático presidido por Juan Bosch, nos dio la constitución más progresista de nuestra historia, nos enseñó a identificar los males sociales y a los grupos oligárquicos, nos condujo al combate contra los golpistas de 1963 y a la lucha por la defensa de la soberanía nacional y por la constitucionalidad.

 

Fuente: Tony Raful/Listín Diario
6/30/2009