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Después del ajusticiamiento

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Miércoles, 19 de Noviembre de 2008
Imbert Barrera comenta las peripecias que pasó después de que participara en el ajusticiamiento del "generalísimo". Relata que hasta atuendos de mujer tuvo que utilizar para no dejarse apresar de la operación de inteligencia que montó el régimen

Ya seguros de que habían matado a Rafael Leónidas Trujillo y que lo llevaban en el baúl del carro de uno de los ajusticiadores del sátrapa, venía entonces la segunda parte del plan. Así lo explica el general Antonio Imbert Barrera, único sobreviviente de la acción, y declarado héroe nacional.

"Metimos a Trujillo en el baúl del carro, a ese que se creía Dios, yo manejando el carro otra vez; Antonio de La Maza sentado al lado mío, Salvador Estrella (Sadhalá) en el sillón de atrás y Pedro Livio Cedeño, que estaba herido. Cogimos para la casa de Juan Tomás, pero, cuando llegamos allí, no había nadie".

Imbert Barreras cuenta que en esas circunstancias, como él y Amado García Guerrero estaban heridos en una pierna, analizaron la posibilidad de que algún médico de confianza examinara la gravedad de las lesiones de bala y procediera a curarlos. Recuerda que deciden contactar a un primo hermano suyo que era médico.

Así lo hicieron y, explica, cuando están en casa de su pariente le pide que lo lleven a la casa de Juan Tomás Díaz, para saber porqué no llamaba ni los había ido a buscar, como habían acordado.

"Él me dijo, sí, yo voy. Como a la 1:00 de la noche sale de su casa, pasa por la casa de Juan Tomás Díaz, y dice: "mire, eso está lleno de guardias y policías".

Le dije yo a Amadito (Amado García Guerrero), vámonos de aquí, que si han agarrado a Estrella Sadhalá y a Huáscar (Tejeda), ellos van a decir dónde nos dejaron a nosotros", expuso.

Imbert Barrera confiesa que fue un momento difícil, porque querían salir y no hallaban cómo. D

espués de analizar la situación, resolvieron buscar a un señor llamado Fello para que lo sacaran de la residencia de su pariente médico, quien tuvo incluso que ser amenazado de muerte para que accediera a su petición. "O me lleva o te mato, aquí mismo", cuenta que tuvo que decirle.

Comenta que el tal Fello los dejó en casa de una doctora llamada Gladys de los Santos, y que García Guerrero fue llevado a la casa de un amigo mecánico.

También, que a los días, esta señora le comenta que habían apresado al doctor que los había atendido, y decidió marcharse rápidamente de ese lugar.

"Yo le dije a Gladys, ‘bueno, yo me voy de aquí'. Me buscó un sombrero y un espejuelo de ella, me los puse y me llevó", precisó Imbert Barrera. Dijo que a partir de ahí buscó "todas las formas habidas y por haber para no ser descubierto".

7 balazos en un atentado

Antes de referir el día en que alguien intentó matarlo, Imbert Barrera asume un tono de voz firme y apenas perceptible. "Yo venía de la casa del licenciado Carlos Sánchez, que era muy amigo mío, era en Semana Santa.

Entonces venía conduciendo el carro, un carro Ford que yo tenía en esa época y ahí, en el antiguo zoológico, en la (avenida) Bolívar, yo iba conduciendo y se me acercó un carro y me dieron creo que siete balazos, y al guardaespaldas que andaba conmigo lo hirieron también.

Yo abrí la puerta, me desmonté y agarré la ametralladora mía, porque pensé que el tipo iba a volver. Pero no volvieron", recuerda.

Acompañado de su esposa Giralda Busto de Imbert, el militar nativo de Puerto Plata confiesa que 47 años después sigue protegiendo su vida, igual que los días subsiguientes a la caída de Trujillo. Y para muestra, basta ver su lujosa residencia, rodeada de guardias al servicio de su custodia personal.


Fuente: Oscar Quezada / El Caribe
30 de mayo del 2008