Soberanía y dignidad |
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| Miércoles, 19 de Noviembre de 2008 |
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En nuestra columna anterior, analizando y repudiando la presencia en nuestro país de una llamada comisión de relatores de las Naciones Unidas, integrada por dos personas, mujer y hombre, de sospechosa procedencia, parcializadas, que tenían el encargo de "evaluar la existencia de la discriminación racial y la xenofobia que supuestamente los dominicanos aplicamos en perjuicio de los haitianos", apuntábamos que "La primera democracia racial que ha conocido la historia de la humanidad nació en la isla de Santo Domingo, en el transcurso de los finales del siglo XVI y a través del desarrollo del siglo XVII. La pobreza sumada al abandono en que España dejó a nuestra isla generó, por las condiciones materiales de vida, el nacimiento de esa igualdad racial"; verdad histórica en relación con las características de nuestra sociedad, a la cual dimos explicación más adelante con otros señalamientos. En el año de 1871, visitó la República Dominicana una comisión del Senado de los Estados Unidos, enviada por el presidente Ulises Grant, con el encargo de rendir un informe en su país de, ¿qué era en realidad el pueblo dominicano? y si era cierto, como afirmaba Buenaventura Báez, presidente de la República en ese momento, que queríamos incorporarnos, a través de un proceso anexionista a la poderosa nación del Norte. En uno de los aspectos del informe rendido titulado "Condición del Pueblo" se dice lo siguiente: "La condición física, mental y moral de los habitantes de Santo Domingo, según se pudo ver, es mucho más avanzada que lo que se esperaba encontrar. La población generalmente es de sangre mestiza. La gran mayoría, especialmente a lo largo de las costas, no es de ni de negros puros ni de blancos puros; está formada de mestizos en todos los grados que se puedan concebir. En algunas partes del interior se encontrarán considerables números de personas de la raza blanca pura, y generalmente la sangre blanca predomina en la raza mestiza. El pueblo dominicano se diferencia mucho en este particular del pueblo haitiano, en el cual la raza negra tiene un ascendiente y un influjo completos. Las personas cultas y educadas, como el Presidente, los miembros de su gabinete, los senadores, los jueces y los magistrados locales son comparables a la misma clase en otros países; y las personas incultas y no educadas parecen iguales a la misma clase de cualquier país de los que nosotros conocemos. Ellos parecen estar prácticamente desprovistos de prejuicio de clase de raza y de color. Ese informe fue rendido hace 136 años, cuando nuestro pueblo apenas llegaba a 250 mil habitantes, y los comisionados notaron las diferencias físicas, idiomáticas y de conducta que existían entre los dominicanos y haitianos, características que se fueron haciendo más profundas en la medida en que conceptualmente nos fuimos transformando en una nación en indetenible proceso de desarrollo, que terminó siendo más definida a partir de 1930, cuando se inició el largo mandato como dictador de Rafael Trujillo Molina. Fue el régimen despótico, avasallante, intransigente de Trujillo que institucionalizó el país y lo incorporó al siglo XX. Las dos figuras descoloridas que visitaron nuestro país, como bien ha señalado Carlos Morales Troncoso, Secretario de Relaciones Exteriores, llegaron predispuestas con un informe elaborado y que sustanciaron, indiscutiblemente, con "aquellos vende patria" que hacen el juego a los enemigos de nuestra Soberanía y Dignidad. Cuando se da lectura al comunicado de los relatores del informe que será presentado en el pleno de las Naciones Unidas no queda la menor duda de cual era la misión de estas dos personas, cuya procedencia reiteramos es sospechosa, y es una realidad cierta que el mandado que se les ordenó hacer lo cumplieron a cabalidad. "Racistas, xenófobos y discriminadores"; si en verdad no fuera algo tan serio, irreverente y de mala fe lo que se trama contra el pueblo dominicano, los calificativos señalados provocarían risas y más que risas carcajadas. Los comisionados del gobierno y del Senado de los Estados Unidos que visitaron la isla de Santo Domingo en el siglo XIX, no obstante ser todos blancos, ciudadanos de una nación que había cerrado hacia apenas 6 años en aterrador y sangriento episodio de la Guerra Civil, eran más honestos y objetivos que los relatores de las Naciones Unidas del siglo XXI. Ahora debemos prepararnos para luchar, denunciar y combatir el proyecto perverso, que no se detiene de convertir la República de Febrero de 1844, restaurada a partir del 16 de agosto de 1863, en la fementida e inoperante República Hispaniola, en cuyo territorio insular habitarían 20 millones de habitantes, que terminarán sumidos en la mas profunda pobreza, sin instituciones, sin salud ni educación, como vive hoy, desde hace años, el pobre pueblo haitiano convertido como afirmó Juan Bosch en un "Conglomerado Humano".
11/5/2007
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